La técnica de brainstorming

El brainstorming es una técnica que nace en el año 1939 de la mano de Alex Osborn, y cuyo objetivo es el de conseguir acabar con los límites en nuestro pensamiento, dando lugar a un grupo de ideas entre las cuales podremos elegir, pero dejando de lado todo aquello que pueda afectar tanto a nuestra decisión como a la elección de las ideas más adecuadas. Esto nos permitirá no sólo conseguir elegir de la forma más adecuada en cada caso, sino que también fomenta nuestra creatividad y en general se trata de una herramienta que nos va a ayudar considerablemente en nuestro día a día.

La técnica de brainstorming

El juicio en el brainstorming

En primer lugar, el brainstorming nos exige que eliminemos por completo nuestro juicio particular o las opiniones ajenas a nosotros. Es decir, tenemos que dar lugar a la aparición de ideas dejando de lado las opiniones críticas.

Iremos anotando estas ideas y más adelante procederemos a elegir la más adecuada en cada caso.

Es esencial tener muy en cuenta que no es posible o al menos no es recomendable crear ideas y juzgarlas al mismo tiempo, ya que estaremos impidiendo dar a luz algunas que realmente nos podrían sorprender porque, no lo olvidemos, nuestro ser es preformado y está condicionado por el entorno y la cultura en la que se mueve.

Pensamiento libre

Gracias al punto anterior estaremos dando el primer paso para disponer de un pensamiento libre. Por supuesto es esencial que, al no juzgar, incluyamos hasta esas ideas que pueden ser una locura a la hora de hacer uso del juicio, pero como ese no es el paso que vamos a dar ahora, las tendremos que incluir.

Nuestro objetivo será pensar fuera de los límites habituales, encontrando así nuevas ideas que nunca antes habíamos considerado.

Cuantas más ideas mucho mejor

Para el brainstorming es necesario intentar conseguir la mayor cantidad posible de ideas. Cuantas más sean, más posibilidades tendremos de lograr un buen resultado.

En este sentido recomendamos que empecéis por las ideas más sencillas y obvias, para poco a poco ir introduciendo nuevas que nos ayuden a completar el conjunto. La forma de actuar así se debe fundamentalmente a que por norma general es inevitable que unas ideas engendren otras nuevas, es decir, toda idea parte de una idea anterior.

Un buen ejemplo sería entender el origen del cuchillo, un utensilio que todos utilizamos de forma diaria. Evidentemente no apareció de forma espontánea, sino que ha ido evolucionando con el paso del tiempo, la aparición de nuevas técnicas y, por supuesto, la incorporación de nuevos materiales.

Si en la época del hombre de cromañón, uno de los integrantes del grupo hubiese propuesto fabricar cuchillos con materiales metálicos, el resto se hubiese reído porque era algo irrealizable, pero en realidad era una idea fantástica que estaba bloqueada por el condicionamiento.

Combinar ideas

Pero estas ideas no deben actuar de forma independiente, sino que es muy posible que nos permitan la posibilidad de combinarlas entre ellas.

En el momento en que nos encontremos eligiendo la opción más adecuada, deberemos tener en cuenta este aspecto que es conocido como el efecto multiplicador del brainstorming.

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